UN GOLPE DE SUERTE.
Día frío y gris en la ciudad.
No es un día indicado para salir, pensó Ernesto.
Es que tenía planeado salir en busca de trabajo, pero tal era su desanimo que
cualquier excusa era buena para no continuar en la estéril busqueda laboral.
-Para que sirvieron tantos años de estudio, solía recriminarse.
Su situación era difícil, con sus 26 años no quería regresar a su pueblo natal
como un fracasado, pero a su vez no podia sostenerse, en cuestión de días
sería desalojado del departamento, varios meses sin pagar el alquiler era el
motivo.
Por suerte tenía la compañía de Ana, con quien llevaba un par de años como
pareja. Se habían conocido cursando Sociologia en la Universidad. Ana quería
casarse pero Ernesto huía ante cada insinuación de ella. No tengo estabilidad
económica ni laboral, solía pensar.
Luego de un desayuno frugal decidió ir a la peluqueria, su cabello estaba muy
largo, y alli llego al local de Miguel donde era un asiduo concurrente.
Se quitó la chaqueta dejándola en el perchero.
-Lo quiero bien corto, Miguel; le dijo Ernesto.
Muy cerca de la peluqueria se produce un asalto en una oficina. El ladrón huye
corriendo mezclándose entre la gente que circula por la zona, escapando de los
policías que tratan de cazarlo. Fuera de la vista de sus perseguidores ingresó a
la peluqueria, e inmediatamente deja su chaqueta en el perchero acomodandose
en el sillón libre.
-En un instante lo atiendo, le dice Miguel sin sospechar que se trata de un delin-
cuente.
-Listo, te lo deje bien corto como querías, le dice Miguel a Ernesto, quien luego
de abonar tomó su chaqueta y marchó. Cuantos policias? Penso al salir de la
peluqueria.
-Voy a comprar el periódico, quizás encuentre algo, se dijo.
Al buscar las monedas en el bolsillo de su chaqueta nota que no es la suya, y al
revisar los bolsillos interiores descubre un pequeño revólver calibre 22 y varios
fajos de dinero. - Tomé la chaqueta equivocada, pensó, e inmediatamente por
su mente pasaron como los fotogramas de una película la solución de sus pro-
blemas económicos. Rápidamente se va para su casa
-Que nadie me vea, piensa.
-Debo desprenderme de este revólver, pero donde?
En bien llega a su departamento llama a Ana por teléfono y le comenta lo sucedi-
do. Debes regresarlo, ese dinero no te pertenece, le dice ella.
-Pero puedo saldar todas las deudas, no ser desalojado e intentar un negocio con
todo este dinero, le dice Ernesto.
Sin ponerse de acuerdo, en el destino que se le daria a ese dinero, deciden discu-
tirlo por la noche, él la invitaba a cenar.
Antes de guardar los fajos Ernesto llama a la inmobiliaria pare avisarles que al
día siguiente pasaría a saldar la deuda y dejaría pago algunos meses por adelan-
tado.
Ya había resuelto por sí solo que se quedaría con el dinero, y no le llevaria mu-
cho tiempo convencer a Ana. Estaba muy contento con su golpe de suerte, cambio
su humor, y hasta se decidio por cocinar la cena para recibir a su amada.
Ya entrada la tarde suena el teléfono.
-Por favor me puede comunicar con el señor Ernesto Rivera??
-Él le habla.
-Señor Rivera le hablo de la consultora J P Ibérica, y a nuestras manos ha llegado
un curriculum suyo, sería de mucha utilidad que pueda llenar un formulario per-
sonal ya que es altamente probable que usted pase a formar parte de nuestra com-
pañía.
-Muy bien, el lunes a primera hora paso por su oficina, le dijo Ernesto.
-Mire señor Rivera se que es viernes por la tarde pero será fundamental que usted
complete el formulario hoy mismo, ocurre que la gerencia quiere resolver la incor-
poración del personal durante el fin de semana, si no es mucha molestia podría
acercarme hasta su domicilio asi tambien puedo realizar el relevamiento del ámbito
donde vive, que es otro de los requisitos para el ingreso.
-No quisiera que se tome tanta molestia, dijo Ernesto.
-No hay problema señor Rivera, es parte de mi trabajo. Que le parece si paso en un
par de horas por su domicilio?
-Muy bien, lo estaré esperando, responde Ernesto.
Cuando colgó el teléfono saltaba de alegría, sabía que un día como ese nunca más
se le presentaría en la vida.
-Qué feliz se pondrá Ana cuando le de esta noticia! Pensó.
Anocheciendo llega Ana.
-Hola mi amor! Acaban de llamarme de una consultora donde he dejado un curricu-
lum, en unos momentos pasaran por aquí para completar las solicitudes.
-Que alegría cielito!! Dice Ana y le estampa un ruidoso beso.
-Voy a preparar unas copas, quieres daikiri?, le pregunta Ernesto.
Y sin esperar la respuesta se dirije raudo a la cocina para prepararlos.
-Porqué pasaran hoy viernes y a estas horas para la solicitud de empleo?, preguntó
Ana.
-Es que resolveran las incorporaciones este fin de semana, respondió
Mientras el aroma del limón recién exprimido se exparcia por el departamento
suena el timbre, y a través del portero atiende Ana.
-El señor Ernesto Rivera? Preguntan
-Si, es aquí, quien lo busca?
-Somos de J P Iberica y teniamos concertada una entrevista con el Sr Rivera.
-Adelante, al final del vestíbulo encontrara los ascensores.
-Mi amor, ya llegaron de la consultora, le dice Ana a Ernesto, y se apresta a reci-
birlos en la puerta del departamento.
-Buenas noches, disculpen la hora, pero hemos tenido un pequeño retraso, es que
el tránsito esta cada día peor, se disculpan los visitantes.
-Pasen por favor, Ernesto los atenderá inmediatamente.
Eran dos hombres muy bien vestidos, uno de ellos el que portaba un maletín toma
asiento en el living, en tanto el otro queda de pie.
-Buenas noches, disculpen la espera, saluda Ernesto.
-No hay problemas señor Rivera.
-Acerquese a la mesa, alli estaremos más comodos, invita Ernesto.
A lo cual accede el visitante y se sientan frente a frente.
-Bueno aquí tengo algo para usted, dice mientras abre el maletín
y saca una poderosa Magnum 357, con la cual le apunta a la cabeza
y le dice.-Dame todo el dinero.
-Cual dinero? Dice Ernesto, pálido ante tal situación y girando su
cabeza ve a Ana amenazada por el otro individuo con una navaja
en el cuello.
-No te hagas el tonto, vos sabes muy a que dinero me refiero, yo no
voy a estar jugandome la vida por alli para que un perejil me deje sin
nada.
Allí Ernesto reconocio ese rostro, era la persona que ingreso a la pe-
luqueria.
Lo habian ubicado por los curriculum que siempre llevaba encima
y guardaba en el bolsillo interior de su chaqueta.
-No lo tengo aquí!
-Sé muy bien que lo tienes aquí, no has salido del departamento en
toda la tarde.
-Por favor Ernesto devuelve el dinero, suplica Ana.
Por la cabeza de Ernesto se entrecruzan miles de imágenes, todo ese
dinero, su pueblo natal, sus deudas, su inestabilidad.
-Esta bien lo tengo guardado en mi habitación, se los daré.
-Te acompaño, no hagas nada raro, le dijo el delincuente mientras
martillo el Magnum.
Ernesto se dirige a la habitacion seguido muy cerca, llega al armario
abre un cajon donde guarda la ropa y habia escondido los fajos.
por su cabeza seguian sucediendose imágenes, no queria quedarse
sin ese dinero.
De repente un estampido rompe el silencio imperante. La bala del
22 se alojo en la cabeza del delincuente quien no atino a nada.
Instintivamente el cómplice hunde la navaja en el cuello de Ana
Ernesto tambien le dispara y lo abate.
En un segundo todo termino.
Ernesto no se desprendio del dinero pero cargara con 3 muertes pro-
ducto de un golpe de suerte.
HORACIO CABRAL
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